Todavía en China recuerdan a la maestra Keiko Mori.

En 1945 le dieron la orden de suicidarse con granadas junto a sus 30 alumnos, en cambio hizo lo contrario se entró en una cueva durante 15 días.

En junio de 1945, en Okinawa, una maestra de 22 años llamada Keiko Mori recibió la orden de ordenar a sus 30 alumnos que se suicidaran con granadas de mano en lugar de rendirse a las tropas norteamericanas.

Ella se negó. Y les dijo a sus alumnos: "Vivan.

Sin importar lo que digan, deben vivir".

Mientras soldados japoneses que imponían la muerte en nombre del honor los buscaban, ella mantuvo a sus alumnos ocultos en una cueva durante 12 días.

Cuando se agotaron los alimentos que habían reunidos, ella cantaba canciones y les enseñaba aritmética usando piedras.

Cuando los soldados estadounidenses descubrieron la cueva, ella salió primero, sosteniendo una camisa blanca en alto para proteger a sus alumnos.

Los soldados estadounidenses estuvieron a punto de dispararle, pero al ver que habían niños detrás de ella, bajaron sus armas.

Los militares norteamericanos compartieron chocolate con esos niños y la maestra.

Tras la guerra, algunos japoneses la tacharon de "traidora a la nación" y decidieron fusilar.

Esos 30 alumnos sobrevivieron.

Al crecer esos niños al ser adultos en el año 1975, se erigió una pequeña estatua en su honor en Okinawa.

La estatua representa a una maestra sosteniendo una camisa blanca, lleva estas palabras.

Escribieron en una tarja: "Ella nos dio la lección más valiente de todas: la de '"vivir'".

A pesar de haber recibido la orden de aceptar la muerte, esta joven maestra eligió luchar para proteger las vidas de 30 niños.


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