El río Yaguajal históricamente es emblemático, de gran valor para la provincia de Santiago Rodríguez y sus entornos.

Esta foto del río Yaguajal creciendo en tiempo de lluvia y diferente época del año cuando caen más precipitaciones, lo que provoca que crezca ya que reciben un exceso de agua que supera la capacidad de absorción del suelo.

Es secundario, porque oficialmente no figura en los registros cartográficos ni hidrológicos del Ministerio de Medio Ambiente.


Por Marcelo Peralta

SABANETA, Santiago Rodriguez, R.D.-Su misticismo es que simula una especie de personaje vivo.

El río Yaguajal desde su origen físico, nace entre paisajes naturales, recorre y desemboca en el paraje El Rincón.

Allí las aguas son absorbidas por el río Guayubín que a su vez la deposita en el Yaque del Norte y este al mar océano en Montecristi donde desemboca.

Además de este profundo valor histórico, el río representa el corazón identitario, ecológico y social de la comunidad local.

Particularmente, el río Yaguajal es un afluente directo, con longitud de cerca de 35 kilómetros desde su cabecera en la Cordillera Central hasta la confluencia con el de Guayubín en el paraje El Rincón.

Este río nace en el paraje Los Higos, comunidad de El Montazo, en plena Cordillera Central, zona montañosa al sur de la provincia de Santiago Rodríguez y su trayectoria está orientada hacia el norte.

En sus cuencas altas se alimentan de cañadas que descienden de zonas boscosas húmedas, de importantes afluentes en su trayecto, en especial del arroyo Manaclas.

Baña, conecta a lo largo de su cuenca alta, media baja con El Montazo y el polígono Los Higos, que es la zona de origen.

Este río es el eje de la vida social y tradicional de sabaneteros que evoca una profunda nostalgia colectiva en tiempos de sequía.

Representa la fuente principal de vida, identidad cultural, conexión espiritual que sostiene existencia colectiva y su memoria a lo largo del tiempo del municipio Sabaneta, provincia Santiago Rodríguez, Cuna de la Restauración de la República.

Considerado por habitantes de Sabaneta como sagrado, vital, emblemático, testigo de la historia del pasado lejano y actual.

A sus orillas se instalaron los primeros asentamientos humanos en el despoblado que vinieron desde la provincia fronteriza de Dajabón que trajeron las culturas antiguas de pueblos originarios, cuyos moradores se establecieron en sus orillas aprovechando sus aguas y potencialidades.

Existen mitos, leyendas, relatos folclóricos y mitológicos asociados a sus aguas que al irrigar parcelas agrícolas los cultivos crecen vertiginosamente sin dificultad ofreciendo frutos de calidad.

Las aguas del río Yaguajal se han convertido en el motor de desarrollo para la transformación poblacional.

Contribuye al fomento, fortaleza del comercio, transporte, desarrollo industrial, haciendo ricos a hombres y mujeres con cultivo de maní auspiciado por la Sociedad Industrial Dominicana -Mancera- y la Industrias Lavador, que hace decenas de años dejaron atrás sus programas de desarrollo.

Otro fue el cultivo de tabaco en sus diferentes variedades financiados por la Compañía Anónima Tabacalera -CAT- y la empresa E. Leon Jimenes.

Ahora está de boga el boom que predomina en el sostén económico que es la cría de ganado, producción de leche y la industrialización de sus derivados.

De la cría de ganado y producción de leche se benefician miles de personas elaborando yougot, dulces, queso y otros derivados.

El uso de las aguas del río Yaguajal, además de contribuir al fomento de la agricultura, al ganado vacuno, se estudia a gran escala el aprovechamiento de la energía hidroeléctrica con la construcción de la presa en el paraje Boca de los Ríos.

El río Yaguajal grita.

La irresponsabilidad estatal permitiendo el corte indiscriminado de árboles en la Cordillera Central que se ejecuta desde la reconquista de la república, evidentemente con la complicidad oficial, podría llevar al aceleramiento de una crisis ambiental sin precedente en el devenir del tiempo no muy lejano, porque se visualiza el declive a causa de la erosión del suelo y la ausencia de árboles.

Las personas de Santiago Rodriguez, en especialmente del municipio de Sabaneta deberían agradecer su herencia de progreso y desarrollo a lo generoso que ha sido el río Yaguajal protegiendo sus riberas, sembrando árboles de forma masiva, aunque eso en la actualidad sea una utopía.

Sin embargo, muchos de aquellos que amasan fortunas debido a los beneficios aportados por las aguas que fluyen del río Yaguajal jamás perciben el impacto negativo que genera la contaminación en sus aguas ocasionados por diversos factores en tiempos de sequía causados en su fauna original.

El problema se agudiza debido a la desconexión humana, efectos de las ciudades modernas, aunque el modernismo da la espalda al río Yaguajal sin valorar sus aportes a la riqueza que han recibido y hecho a la sobrevivencia humana colectiva, pero deberían preocuparse más, no obstante, en determinadas épocas del año se ha visto convertido en un canal de desechos sólidos.

Está en perspectiva el renacimiento y el futuro del importante afluente que de no hacerse esfuerzos de conservación, realizar proyectos para limpiarlo, restaurar sus riberas que sirvan de base y devolverle su valor cultural, llegaría un tiempo de reducir su caudal al máximo.

En planes del gobierno, de las autoridades municipales y provinciales no se vislumbra perspectivas halagüeñas de conservar este río.

Para ello se requiere reflexión, echar una mirada hacia el futuro sobre la importancia de proteger este río que es desde donde se abastecen precariamente de agua del acueducto millares de personas en Sabaneta y orientada a las próximas generaciones.

Se impone darle voz al agua, que el río no solo "fluye", sino que recuerde, que se observe, conserve, que permita que se siga alimentando gente, cultivos, animales y que brame como lo hacía decenas de años atrás.

Pero, ahí está el contraste de las épocas anteriores que debe ser con alternas descripciones de que el río Yaguajal requiere con urgencia ser salvado de su estado actual, que sea más puro, liberarlo del caos y rescatarlo del desastre que lo rodea.

Este afluente es testimonio de vivencias locales que incluye frases de pescadores que antaño sacaban de sus aguas peces; de historiadores, poetas que vivieron y otros que viven en sus entornos.

Bordea la parte sur y oeste del poblado de Sabaneta, sirviendo de límite natural; es fuente de abastecimiento de acueducto del que se abastecen millares de personas, seres vivos, irrigar cultivos y ahora de energía eléctrica con la presa de Boca de los Ríos.

Fluye desde el sur hacia el norte hasta convertirse en un afluente del río Guayubín que pertenece a la cuenca del Yaque del Norte.

La historia de este río es emblemática, aunque requiere conectar su importancia con la Madre Naturaleza, el impacto que ha tenido en las personas a lo largo del tiempo.

La estructura ideal combina geografía, historia humana y ecología.
Su nacimiento y la esencia históricamente como Yaguajal que es emblemático para la provincia de Santiago Rodríguez, porque a sus márgenes se fundó en 1844 el caserío original que dio origen a Sabaneta.

Las razones principales de su estatus emblemático se dividen en pilares, como Cuna del origen histórico de Sabaneta.

Por décadas, su cauce estuvo lleno de famosos "charcos" tradicionales como era El Charco de Luis Caballito; Charco La Bomba que servían como los principales espacios de recreación, baños públicos y convivencia para múltiples generaciones.

Sustento y biodiversidad, geográficamente, el río atraviesa puntos clave del municipio; sus aguas fluyen hacia el río Guayubín, conectándolo finalmente con la cuenca del Yaque del Norte.

Ha sido históricamente una fuente determinante para el abastecimiento de agua dulce, irrigar fincas agrícolas y un ecosistema con energía y dinamismo.

En el año 1844, familias procedentes de Dajabón huían tras la destrucción de su villa por las tropas haitianas en retirada cuando perdieron la batalla del 30 de Marzo.

Al llegar a la margen norte del río Yaguajay, decidieron asentarse en esos terrenos fértiles, dando vida al poblado Sabaneta que hoy es la capital de la provincia de Santiago Rodriguez.

Por décadas, su cauce estuvo lleno de famosos "charcos" tradicionales como era El Charco de Luis Caballito; Charco La Bomba que servían como los principales espacios de recreación, baños públicos y convivencia para múltiples generaciones.

Sustento y biodiversidad, geográficamente, el río atraviesa puntos clave del municipio; sus aguas fluyen hacia el río Guayubín, conectandolo finalmente con la cuenca del Yaque del Norte.

Ha sido históricamente una fuente determinante para el abastecimiento de agua dulce, irrigar fincas agrícolas y un ecosistema con energía y dinamismo.

Este río cruza por el paraje Leonor y zonas aledañas a la cuenca media de Clavijo, Mata de Jobo y Los Cercadillos.

En la periferia urbana pasa por Naranjo Chino, Bambam como se decía en la onomatopeya del agua; también por los barrios La Joya, Cambelén y La Sabana.

Al perderse del urbanismo recorre la zona de Sabaneta Redonda, Pata de Vaca, Los Bombones, San José y se pierde en el paraje El Rincón en la confluencia con el río Guayubín.


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