El mensaje de Putin a la OTAN es muy claro: déjame hacer lo que yo quiera en Ucrania, y si interfieres en el campo de batalla, sufrirás las consecuencias. Aquellas resultantes de una guerra abierta entre Rusia y la OTAN, con el riesgo añadido de una escalada nuclear que con la que Putin juega para mantener el miedo. La OTAN tampoco quiere una guerra con Putin. De facto, no va a haber una intervención militar en Ucrania. Se ayudará al país a través de la provisión de armas y equipamiento, además de dinero. Es una postura dirigida para evitar la escalada nuclear, pero deja al pueblo ucraniano a merced del ejército ruso, quién antes o después acabará tomando el control de todo el país. Esto tampoco quiere decir que Putin vaya a ganar, porque se va a tener que enfrentar a una guerra de guerrillas que podría durar años, y dañar la economía rusa hasta un punto del que ya no pueda recuperarse. A Putin esto no le importa e irá aún más lejos para completar su plan.
Occidente apuesta por el colapso de la economía rusa, y que Putin cese la guerra porque el dinero es clave para los conflictos armados.
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