Helicópteros arrojaron miles de troncos de árboles sobre ríos de Estados Unidos para restaurar ecosistemas degradados
Durante gran parte del siglo XX, la gestión de cursos de agua siguió una lógica simplista.
Si había troncos de árboles, había que sacarlos.
Se creía que un río “limpio” facilitaba un flujo rápido, sin obstáculos para la corriente ni para los peces.
Se empobrecieron los hábitats, las aguas se calentaron, desaparecieron las pozas profundas y los salmonen.
El río más largo del mundo tiene casi 6000 kilómetros de extensión y fluye de una manera diferente a los demás
La economía más poderosa del mundo depende de este río: es una ruta esencial
Hoy, la ciencia y la gestión ambiental dan vuelta esa página con una humildad casi meditativa.
Más de 6 mil troncos, fruto de árboles nativos, están siendo colocados estratégicamente en más de 38 kilómetros de ríos y arroyos, muchos de ellos inalcanzables por medios terrestres.
Las ventajas de tirar troncos al río
Esto no es tirar troncos al azar, sino un diseño pensado para reactivar procesos naturales.
Crear pozas, ensanchar el cauce, enfriar las aguas en verano y formar refugios para invertebrados que serán alimento para otras especies.
Los helicópteros se elevan como guardianes temporales del paisaje, levantando troncos desde taludes boscosos y colocándolos con precisión casi quirúrgica en brazos de agua que, durante décadas, han sufrido la rigidez de una gestión humana que los consideraba “demasiado despejados”.
La madera en los ríos actúa como una estructura compleja que favorece refugios, detiene sedimentos y redistribuye la energía de la corriente, en otras palabras, convierte olos de la Smithsonian Magazine han documentado cómo la madera en el agua da lel cauce en un espacio más vivo, más hospitalario para la biodiversidad.
Estudios comulgar a hábitats clave.
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