CARTA ABIERTA A LAS ORGANIZACIONES INTERNACIONALES

Por respeto a la libertad, a la dignidad humana y al derecho de los pueblos a la autodeterminación, me dirijo a ustedes en nombrePor de una conciencia que ya no puede guardar silencio ante la situación que vive Haití.


Haití no puede ni debe seguir siendo administrado como una colonia moderna bajo la influencia de Washington y del cogobierno canadiense. El llamado Consejo Presidencial fue impuesto por Occidente por un período de dos años, sin mandato popular ni legitimidad soberana. Hoy, ese mismo consejo viola sus propios decretos sin remordimiento alguno, demostrando que nunca representó la voluntad del pueblo haitiano, sino intereses externos.


El primer ministro fue destituido por dicho consejo, y aun así, por encima incluso de esa estructura ya ilegítima, se volvió a imponer a Didier Fils-Aimé con poderes absolutos, fuera de toda consulta popular. Hoy se pretende prolongar otra imposición de dos años más, mientras los recursos del pueblo son consumidos, desviados y saqueados. Haití no puede soportar otra transición impuesta que solo profundiza el colapso nacional.


La historia nos obliga a hablar con claridad. Después de la independencia, Jean-Jacques Dessalines enfrentó una realidad dolorosa: una parte de la población civil se negó a ser gobernada por negros libertos, prefiriendo el yugo del hombre blanco antes que la responsabilidad de la libertad. Muchos huyeron como esclavos antes de vivir como libres. Hoy, Haití revive esa misma tragedia histórica, traicionado por algunos de sus propios hijos: falsos patriotas, vendedores de la patria, alienados al servicio de intereses extranjeros.


No es una cuestión de racismo; es una cuestión de coherencia histórica, dignidad y conciencia. Hoy muchos prefieren al criollo de pelo lacio antes que al Cristo liberador de Bwa Kayiman, símbolo fundacional de la libertad haitiana.


Mientras tanto, la realidad material del pueblo es insoportable. Haití está cubierto de basura. El pueblo pasa hambre. Las enfermedades se multiplican. No hay carreteras, no hay electricidad, no hay fuentes de trabajo. Solo hay violencia sistemática: bombardeos, violaciones, robos, tráfico de drogas, venta de órganos. La miseria es explotada por falsas religiones, ONG sin control, sectarismo, prostitución, mentiras institucionalizadas, incompetencia criminal, racismo y clasismo estructural.


La Revolución Haitiana no puede ser reducida a un simple episodio histórico. Representa un antes y un después en la historia de la humanidad. Fue un acto fundacional de libertad universal que desafió el orden colonial mundial y abrió el camino para todos los pueblos oprimidos.


Por ello, exigimos que cesen las imposiciones políticas extranjeras sobre Haití. Ninguna potencia ni alianza internacional puede seguir imponiendo dirigentes obedientes por encima de la voluntad soberana y de la conciencia colectiva del pueblo haitiano.


Haití merece respeto.Haití merece autodeterminación.Haití merece vivir con dignidad.


Exigimos justicia, respeto y una solidaridad auténtica de la humanidad, unida no para dominar a Haití, sino para acompañar su derecho legítimo a decidir su propio destino.


Atentamente,


Wendy Osirus






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