El misterio en la tumba de Richard Leroy McKinley.

Su cadáver que está forrado con nylon y en un sarcófago de plomo envuelto en algodón y plástico.


Confidencia, alma, corazón, vida, secreto y misterio en la tumba de Richard Leroy McKinley.

 

Está ubicada en el cementerio militar, creada durante la Guerra de Secesión. 


La tumba no es diferente a cualquier otra. 

En la inscripción de la lápida puede leerse que nació en 1933 y que murió en 1961.


Luchó en la Guerra de Corea y los guardias de seguridad tienen la orden de disparar a cualquier persona que pudiera acercarse con una pala, dispuesta a desenterrarla. 


El celo de los guardias a que personas se aproximen es debido a la radiación, que supuestamente emite el cadáver cuyos efectos podrían matar toda forma de vida que esté cerca en cuestión de segundos.

En el área del Cementerio Nacional de Arlington, Estados Unidos, descansa esa tumba que pocos se atreverían siquiera a visitar.

Se impide a personas aproximarse es en prevención a que el cuerpo de Mckinley absorbió una cantidad tan grande de radiación por lo que fue forrado con un nylon especial, sellado al vacío y dentro de un sarcófago sellado hecho de plomo.

Está envuelto con varias capas de algodón y plástico.


Allí está todo guardado dentro de dos bóvedas más, una sobre otra y debajo del suelo, selladas y reforzadas cada una con capas de metal de 30 centímetros.

Desgraciadamente, no son pocos los accidentes que han sucedido a lo largo de la historia, dejando a su paso devastación y muerte. 


Solo algunos ejemplos fúnebres en la historia de la energía nuclear figuran, Fukushima, Three Mile Island, Chernóbil, y aquí más cerca Vandellós. 


El misterio de la sepultura de Richard Leroy McKinley, considerada por muchos como la más peligrosa del planeta.


Está tan restringido, que los guardias tienen la orden de abrir fuego sin dudar ante cualquiera que intente acercarse con una pala o intente excavar. 


La radiación liberada fue tan extrema, que su cuerpo se convirtió en una fuente mortal de contaminación radiactiva, motivo por el cual debió ser sellado para siempre.


Así, bajo toneladas de metal y tierra, descansa el hombre que aún irradia muerte más de 60 años después. 




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